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Retrato Robertson DaviesLa obra literaria de Davies es variada y amplia. Además de once novelas, publicó otra treintena de libros entre cuentos, obras de teatro, crítica literaria y recopilación de artículos periodísticos. Pero es sin duda por la novela por lo que Davies pasará a la historia de la literatura. Su proyecto novelístico giraba en torno a la escritura de trilogías: de Salterton, de Deptford (en la que se incluye El quinto en discordia), de Cornish y una última “trilogía” inacabada formada por las novelas Asesinatos y anónimos en pena y Un hombre astuto.

Al margen de su apariencia física, la escritura de Davies se arraigada con fuerza en los cimientos de la tradición decimonónica como lo demuestran su forma de narrar, aparentemente lineal y sencilla, el uso y “abuso” de las descripciones, la demora en la narración de los acontecimientos, o el género elegido para sus novelas (al modo de biografías o autobiografías) agrupadas en trilogías como si rememorasen las sagas familiares. Y, sin embargo, como decíamos, Davies es un escritor del siglo XX, porque a todas esas características decimonónicas añade los recursos nacidos de la confrontación de la novela clásica con la novela experimental del siglo XX, aunque realice tal mezcla con una habilidad, una soltura y una aparente sencillez que apenas se noten las costuras.

Una recomendación interesante de la obra “El quinto en discordia”

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“EL QUINTO EN DISCORDIA” DE ROBERTSON DAVIES.

Seguimos en este caluroso verano con una nueva propuesta de lectura.

¿Nos acompañáis en una novela original, imaginativa, inteligente?

Portada del Quinto en discordiaEn forma de memorias Dunstan Ramsay, profesor y escritor de hagiografías, nos narra su vida, sus traumas infantiles, sus obsesiones de adulto y las de dos personajes que han tenido desde su infancia una gran influencia sobre él: Boy Staunton, el chico perfecto, el magnate y Paul Dempster personaje indescriptible que aparece y desparece de su vida. Existe una invisible ligazón que une a los tres personajes del mismo pueblo, Deptford, pero la más evidente es el incidente que provoca el nacimiento de Paul Dempster. Así, lo que aparentemente no tiene una relación a lo largo de la novela la adquiere de golpe al final.

Robertson Davies. La mayoría de las fotografías que nos han llegado de Robertson Davies retratan al escritor canadiense con el regusto decimonónico de algunos de los popes intelectuales que florecieron en dicho siglo: hombres rotundos de luengas barbas canas. ¿Cómo no pensar, al mirar los retratos de Davies, en Charles Darwin, en Walt Whitman o en Karl Marx? Y aunque, como veremos, quizá no sea del todo descabellada esa adscripción de Davies al siglo XIX, Davies es un escritor del siglo XX.

Imagen rostro de Robertson Davies

Nacido en 1913 en Thomassville (Ontario, Canadá), de su infancia podemos destacar dos hechos que influirían decisivamente en la formación de su personalidad y en su obra literaria: el que se criase en un fuerte ambiente intelectual (su padre, William R. Davies, de origen galés, fue senador y propietario del periódico local) y el que creciese en un ambiente férreamente religioso (su madre, presbiteriana, estaba plenamente convencida de la predestinación y de la condenación sombría).

Davies estudió en prestigiosos colegios canadienses (como el Kingston de Ontario) hasta que se trasladó a Inglaterra, donde en 1938 se graduó en el Balliol College de Oxford. Allí trabajó de actor en la Old Vic Restory Company, en la que conoció a la actriz Brenda Mathews, con la que se casaría.

En 1940 regresó a Canadá. Durante algún tiempo siguió vinculado al mundo teatral (como actor, autor y productor) al tiempo que se dedicaba al periodismo, firmando sus columnas con el pseudónimo Samuel Marchbanks. Pero poco a poco abandonó ambas actividades para convertirse en profesor de literatura en la Universidad de Toronto a la vez que comenzó su carrera como novelista, que no abandonaría hasta su muerte, el 2 de diciembre de 1995 en Orangeville.

“No somos los protagonistas de las vidas (ni de las lecturas) de los demás, pero nuestras vidas (y nuestras lecturas) influyen en las de quienes se mueven a nuestro alrededor, en ese sentido todos somos el quinto en discordia”

“El quinto en discordia” en nuestras bibliotecas, pincha aquí