Vivimos tiempos radiactivos. Fulgor azul

En este último post sobre La ridícula idea de no volver a verte queremos hacer una breve reseña sobre la aportación de Marie Curie a la ciencia y al mundo.

El 15 de noviembre de 1906, Marie Curie daba su primera clase en La Sorbona de París.

Primera clase de Marie Curie en  La SorbonaLa expectación era máxima, ya que se trataba de la primera vez que una mujer impartía una clase en la universidad. Allí acudió un gran número de personas; muchas de ellas ni siquiera eran estudiantes. En aquella primera sesión, Marie habló sobre la radiactividad, “esa propiedad aterradora de la Naturaleza, fulgurantes rayos sobrehumanos que curan y matan, que achicharran tumores cancerosos en la radioterapia o calcinan cuerpos tras una deflagración atómica”, dice Rosa Montero.

Quedan lejanas tantas jornadas agotadoras, de exactas mediciones, cuantificando laLos Curie contemplan la luz del radios pequeñas corrientes emitidas por los rayos, hasta que Pierre y Marie consiguen aislar el radio y advierten, con sorpresa y emoción que “los productos que contenían radio concentrado se volvían espontáneamente luminosos […] Por todas partes -escribió Marie- podíamos ver siluetas ligeramente luminosas y ese brillo, que parecía suspendido en la penumbra, despertó en nosotros nuevas emociones y encantamiento”.

Estaban enamorados del radio. Porque era tan bello y había sido todo tan emocionante. Porque Marie lo había liberado de la pecblenda con un esfuerzo titánico. Porque lo había sacado a la luz, es decir, lo había parido”.

“Si, eran dos soñadores. A menudo por la noche Pierre y Marie recorrían cogidos de la mano las cinco manzanas que los separaban del laboratorio, atraídos por el misterioso elemento que estos dos científicos veían con romanticismo. “Me pregunto cómo será”, decía Marie. Y Pierre respondía: “A mí me gustaría que tuviera un hermoso color” (Genio obsesivo, de Bárbara Goldsmith).

“Estaban encantados, esa es la palabra; embrujados, atrapados por el hechizo del fulgor verdiazul […] y en la cabecera de la cama tenían una muestra de radio, supongo que para adormecerse con su fosforescencia.”

Jarra para radiar el agua

Jarra para radiar el agua . “Los millones de rayos penetran en el agua para formar ese saludable elemento que es la RADIO-ACTIVIDAD. Al día siguiente, toda la familia dispone de seis litros de auténtica y saludable agua radioactiva”. “Bebe tranquilamente cada vez que tengas sed hasta completar una media de seis vasos al día”

“En 1898 informaron de su hallazgo a la Academia de Ciencias […] y el resplandeciente y poderoso radio inflamó la imaginación de los humanos: era el principio mismo de la vida, un pellizco de la energía del cosmos, el fuego de los dioses traído a la Tierra por esos nuevos Prometeos que eran los Curie. […] Y el entusiasmo alcanzó cotas tan álgidas que el nuevo elemento empezó a utilizarse peligrosa e inconscientemente para todo, como si fuera el bálsamo de Fierabrás. Por ejemplo, se añadió a los cosméticos: a cremas faciales, a barras de labios… los baños radiactivos hacían recuperar el vigor […] incluso se confeccionó una lana radiactiva para hacer ropas de bebé.”

¡Espeluznante!, sólo pensarlo produce escalofríos.

“Todo ese frenesí duró, aunque parezca mentira, cerca de tres décadas y, por fin, la gente empezó a ser consciente de los peligros de la radiactividad”.

La aportación que Marie Curie ha hecho a la ciencia y al mundo es incalculable. Su trabajo con el polonio y el radio no sólo ha contribuido en el campo de la medicina , sino que abrió un nuevo y fascinante campo de investigación, que finalmente daría lugar al descubrimiento del núcleo atómico.

Marie Curie soñaba con inaugurar su nuevo laboratorio que La Sorbona había financiado y que llevaría el nombre de Instituto Curie, pero este sueño se vio truncado al estallar la I Guerra Mundial, el 3 de agosto de 1914.
Lo primero que hizo Marie fue poner a salvo todo el radio almacenado en su laboratorio de París para evitar que cayera en manos de los alemanes y viajó hasta Burdeos (el gobierno francés se había trasladado allí). “La valija debía de pesar veinte o treinta kilos, porque los tubos con bromuro de radio estaban recubiertos de plomo; me pregunto cómo consiguió acarrearla […] Dejó su tesoro en la Universidad de Burdeos y regresó en el primer tren a París”. Y allí “empezó a ver los primeros heridos, jóvenes soldados bárbaramente mutilados en los quirófanos de campaña, y su poderosa cabeza, que era tan práctica como genial, enseguida comprendió el papel decisivo que podrían tener los rayos X si conseguía llevarlos al frente, porque permitía calibrar las fracturas y encontrar y extraer la metralla minimizando la violencia quirúrgica”.

Marie al volante de furgoneta cargada con rayos x

Marie al volante de un pequeño furgón que portaba aparatos de rayos X

En un tiempo récord puso en marcha toda una flota de camionetas denominadas “pequeñas curies”, que contenían sistemas de rayos X portátiles. Marie, su hija y las personas que ellas habían enseñado, recorrieron los frentes y realizaron más de un millón de radiografías de los soldados con heridas de bala.

Esta mujer fuerte, valiente, destaca también por su rectitud. En su vida Marie recibió dos premios Nobel, varios premios y medallas, pero renunció a sacar provecho de su descubrimiento y dejó desinteresadamente sus conocimientos a otros para que pudieran seguir investigando. En palabras de Albert Einstein “La señora Curie es, de todos los seres célebres, el único que la gloria no ha corrompido”.

Acabamos ya la lectura. Este es uno de esos libros que no quieres terminar, pero hay que dejar paso a otras lecturas.

Quedan en el tintero tantos temas que el tiempo y el espacio de este foro no nos han permitido abordar: Polonia y su larga ocupación por diferentes países, la muerte y el duelo, “el elogio de los raros”, el valor de la familia, la educación de los hijos, la universidad, la ciencia atómica, la docencia

y otras tantas preguntas

Rosa Montero nos deja una pregunta que produce cierto desasosiego: “¿No te inquieta pensar cuál será hoy nuestra radiactividad autorizada, qué sustancias legales nos estarán matando estúpidamente?”

Bárbara Goldsmith también se cuestiona: ”¿Por qué algunas mujeres quedan atrapadas en su entorno y, en cambio, otras salvan estos obstáculos, los sortean o simplemente los ignoran? ¿Cómo influyeron la sociedad y la familia en sus aspiraciones? ¿Por qué algunas mujeres buscan la independencia y, en cambio, otras quieren seguir una senda prescrita? ¿Qué fibra sensible tocó Madame Curie en la psique, especialmente de las mujeres?”

Tal vez nos quedemos con ganas de conocer más a Marie Curie, así que dejamos esta pequeña bibliografía:

  • Marie Curie, genio obsesivo, de Bárbara Goldsmith
  • Marie y Pierre Curie. Vida, pensamiento y obra, Colección Grandes Pensadores (Planeta de Agostini)
  • El cómic Marie Curie. La actividad del radio, de Jordi Bayarri y Dani Seijas
  • La vida heroica de Marie Curie, por su hija Ève Curie (acceso en línea a este texto)

Y damos las gracias a Rosa Montero por asomarnos a Marie Curie.

Anuncios