Valora y comenta “Divorcio en Buda”

divorcio_en_budaLlegamos al final del mes y queremos que puedas comentar y valorar la novela “Divorcio en Buda”, para compartir con otros usuarios cómo ha sido tu experiencia.

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La intensa vida de Sándor Márai

La entrada de hoy es una reproducción de un artículo publicado el 12 de noviembre de 2005 por Luis Fernando Moreno Claros en el diario “El País”. Hace referencia a una breve biografía que por aquellas fechas se publicó sobre la vida de Sándor Márai, pero si hemos querido terminar de esta forma las entradas del libro “Divorcio en Buda” es porque este artículo nos influyó de tal manera que decidimos leer todas las obras traducidas al castellano de este autor. Este era el principal ánimo al comentar el libro, que nos animase a profundizar en la obra de Márai. Si lo hemos conseguido a través de estas entradas habrá sido un éxito. En todo caso el artículo ayuda de tal manera que, seguro, a todos nos animará a leerlo.

La intensa vida de Sándor Márai por Luis Fernando Moreno Claros en el diario El País el 12 de noviembre de 2005

“El escritor húngaro Sándor Márai (1900-1989) goza en la actualidad de gran éxito en España. Sus novelas El último encuentro, La herencia de Eszter, Divorcio en Buda, El amante de Bolzano y La mujer justa, así como su autobiografía Confesiones de un burgués (todas en Salamandra), cautivan a un publico variado en virtud de algo que las caracteriza: la magia que sólo tiene la “gran literatura”. De estructuras similares -extensas conversaciones y largos monólogos-, densas y cuajadas de pensamientos brillantes; teatrales, “psicológicas”, de escasa acción y peripecia, y hasta de tono melodramático y sentimental, las novelas de Márai son, con todo ello, absorbentes y difíciles de soltar una vez que nos sumergimos en sus páginas y nos dejamos atrapar por sus meandros. Las palabras de sus personajes cautivan y seducen; tal como debieron de seducir las de su creador -así se atestigua- cuando hablaba en sociedad, pues solían ser pausadas y bien meditadas, incisivas, lúcidas e insoslayables. Aun así, voces críticas muy solventes opinan que en la mayor parte de estas celebradas novelas de Márai todo queda finalmente en fuego de artificio desvanecido en humo; no les falta razón, pero lo cierto es que el espectáculo es hermoso y nunca banal. Por otra parte, siempre permanece el aura y el recuerdo de ese ambiente que recrean, aquel mundo europeo de los años de entreguerras, mezcla de cosmopolitismo y grandiosa decadencia burguesa que, como en los relatos de Stefan Zweig, pertenece a una época que hoy nos parece elegante y romántica, un paraíso con cierto olor a podrido ya perdido para siempre.

Así que debido a la popula-
ridad de Márai en nuestro país, resulta muy oportuna la publicación de esta breve biografía ilustrada, elaborada por un reconocido especialista húngaro, editada con gusto y bien traducida. El autor se propone retratar a Márai como ser humano y repasar los diversos episodios y épocas de su vida, siempre oscilante entre la dedicación al arte y las imposiciones del destino, determinado por los avatares políticos de la convulsa Europa del siglo XX. Pero si el lector obtiene una idea ciertamente clara de cómo fue el hombre Márai, echará de menos saber, aunque sea de manera somera, algo más sobre su obra, los motivos concretos de la escritura de tal o cual novela o, al menos, una breve reseña y una cronología de todas ellas.

En cuanto al retrato humano, Márai no fue un escritor aureolado por el “malditismo” ni tampoco un marginado social desconocido o un mártir político; al contrario, fue en general un señor cabal y mesurado, consciente de su ascendencia burguesa y dedicado en cuerpo y alma a la tarea que le gustaba y que sabía desempeñar a la perfección: la literaria. En ella volcaba su habilidad y su mucha sabiduría, nacida de la atenta observación de los sentimientos y las relaciones humanas. Desde muy joven -siempre fue mal estudiante por demasiado curioso y avispado- lo sedujeron la lectura y el periodismo. Su padre, un gran abogado de la ciudad húngara de Kaschau (hoy en Eslovaquia con el nombre de Kosice), le permitió salir al extranjero en cuanto tuvo edad de estudiar. Hasta los 23 años, cuando se casó con una mujer judía y de acaudalada familia burguesa, “Lola”, a la que amó intensamente y con la que convivió hasta la muerte de ella, sesenta años después, Márai residió en Budapest y en varias ciudades alemanas (su lengua materna era el húngaro, pero dominó desde pequeño el alemán), Leipzig, Weimar, Múnich y Berlín, que fueron sus escuelas de vida y sabiduría. Allí pasó unos años de aprendizaje bohemio, entre escritores y cafés de artistas, ganándose el sustento con la escritura de artículos periodísticos, crónicas, prosas breves y poemas. Unos años en París, durante la dictadura de Horthy, lo hicieron popular en Hungría gracias a las crónicas que enviaba desde el extranjero. En los años treinta se estableció en Budapest y, obsesionado por el trabajo, comenzó a producir novela y teatro, de modo que en los cuarenta gozaba ya de fama extraordinaria, casi comparable a la de Thomas Mann o Stefan Zweig. Cada nueva obra suya era un éxito de ventas, se traducía a todos los idiomas cultos (incluso al castellano hubo traducciones tempranas que hoy son desconocidas). Márai disfrutaba de una vida acomodada, conducía un automóvil y vivía en una amplia y hermosa casa.

Cuando los nazis accedieron

al poder en Alemania, el escritor húngaro fue uno de los primeros en oponerse abiertamente a Hitler con contundentes artículos. Enseguida vio lo que se le venía encima a Europa, por un lado, con Hitler y, por otro, con Stalin. Sin embargo, a él la crueldad de la guerra no le tocaría de lleno hasta 1945. Después de la invasión alemana de Hungría, frente a tantas atrocidades perpetradas por los invasores secundados por fascistas húngaros, Márai escribió en su diario: “De hecho, los alemanes son magos. Han acertado a realizar el milagro de que cualquier ser humano decente espere honestamente y lleno de anhelo a los rusos, a los bolcheviques que llegan como libertadores”. Estos “libertadores” no se metieron con él de momento, dada su fama. Pero con la ocupación soviética y con el establecimiento del régimen comunista, la estrella de Márai comenzó a declinar. Tachado pronto de escritor “decadente y burgués”, aquel europeo individualista y cosmopolita, de ideales humanistas, jamás pudo plegarse a la uniformización colectivizada que aceptaban la mayoría de sus colegas, y en 1948 abandonó Hungría definitivamente para instalarse en Italia.

El desmoronamiento político y moral de su patria bajo el yugo comunista y la vida errante que llevó junto a su esposa durante las últimas décadas de su vida – terminaron instalándose en Norteamérica, en Nueva York y, finalmente, en San Diego- contribuyeron al aislamiento de Márai. Continuó escribiendo diarios y alguna otra novela, y gracias a sus colaboraciones radiofónicas con la emisora Radio Europa Libre su voz llegaba a menudo al otro lado del “telón de acero”, pero la vejez y la pérdida paulatina de sus seres queridos minaron su espíritu hasta agotarlo por completo. Cambió el régimen en su país y Márai volvió a ser reconocido, recibiendo ofertas para regresar a la patria, pero ya era tarde. Se disparó un tiro en la cabeza en cuanto supo que ya sólo podría seguir viviendo ingresado en un hospital y dependiente del cuidado de otras personas. Poco después de su muerte caía en 1989 el muro de Berlín”.

¿Has soñado con Anna durante estos últimos años?

“Divorcio en Buda” tiene una estructura narrativa bien marcada en dos partes cuyo sentido y explicación la inician y cierran dos preguntas claves. En la página quince Kristof Kömives, al enfrentarse al proceso de divorcio los Greiner, se hace una pregunta “¿Quién había sido para él Anna Fazekas? ¿ Había significado para él algo más que una mera relación social, una relación tan superficial como cualquier otra?” Una pregunta que no tiene respuesta más que en las últimas líneas del libro, a partir de la página 185, en la que ante la desesperación de Imre Greiner, y ante los hechos consumados de la noticia del suicidio de Anna Fazekas, el juez se ve obligado a responder:

“Las preguntas de una dama se responden… Dejo a Anna, cierro con llave la puerta de la casa, vengo a verte y te cuento mi vida. No puedo irme de aquí hasta que no me des una respuesta. ¿Has soñado con Anna durante estos últimos años?

“- Sí – dice con voz ronca
– ¿Varias veces? – pregunta el otro.
– Varias veces”

“¿Ha ocurrido, durante estos diez años y tres meses, que alguna vez, mientras mantenías relaciones con alguien…, me refiero a relaciones físicas…, hayas visto con claridad el rostro de Anna.

Kristóf Kömives se levanta, rodea el escritorio, se acerca a la venta y se detiene. Contesta mirando a la calle.

-No quiero responder a esa pregunta.

_ Gracias, con eso es suficiente – concluye el otro con cortesía-.”

 

Cuatro fueron los encuentros fugaces entre Kristof Kömives y Anna Fazekas. Uno de ellos tuvo lugar en las pistas de tenis que existían, y todavía existen, en la Isla Margarita, zona de recreo y deportiva de la ciudad de Budapest. Estuvieron jugando un partido de dobles y después fueron caminando hasta la entrada a Buda del puente Margarita. Este encuentro, al recordarlo diez años después, lo rememora así: “De todas formas, le sorprendió que precisamente aquel Imre Greiner se fuese a casar exactamente con aquella Anna Fazekas, la misma con la que había paseado por la isla Margarita, que se había vuelto hacia él en el camino en penumbra como si quisiera decirle algo y no había dicho nada”.

Kristof Kömives, juez, estuvo a la altura de su misión de “ sofocar los instintos que se revelan contra la disciplina de la sociedad”. Lo aplicó no sólo a sus ámbito profesional, sino que asumía completamente esa vocación como suya y trataba de ponerse a su servicio con toda su voluntad y toda su fe”. Anna Fazekas, persona, no pudo sobrellevar la impostura de una relación en la que no creía a pesar, tal y como señala su marido Imre Greiner en la página 185 de que “El alma humana, a veces, puede obrar milagros. Consigue encerrar y aislar por completo algunos pensamientos, algunos recuerdos, algunos deseos…, y lo hace a la perfección”.

Hoy día, al pasear por Budapest, los encuentros fugaces en partidos de tenis han sido sustituidos encuentros fugaces, igualmente, entre los grupos de personas que quedan en la misma Isla Margarita para recorrer su perímetro corriendo. Esos encuentros que pueden marcar una vida, como a Anna y a Kristof Kömives y sus entornos familiares, se producen ahora entre aquellos que se cruzan al correr, en un sentido u otro, del circuito de atletismo que circunvala la Isla. La Isla Margarita no es ni Buda ni Pest, con 2,5 kilómetros de longitud y en medio del Danubio, fue siempre propiedad de una u otra orden religiosa hasta la llegada de los turcos. La Isla aunque no acoge demasiados monumentos y lugares de interés, cuenta con importantes complejos acuáticos y deportivos, un balneario, jardines y umbrosos paseos, resultando un lugar precioso.

¿El libro de Sándor Márai engancha porque nos sentimos identificados bien con Kristof Kömives, bien con Anna Fazekas y al leerlo hemos recordado alguna situación similar en nuestras relaciones?

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La importancia de la ciudad de Budapest en la novela

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La presencia de la ciudad de Budapest tiene un significado simbólico evidente en esta novela que se inicia por el mismo título del libro y que se desarrolla, sobre todo, en el capítulo segundo. Entre las páginas 26,27 y 29, de la edición de la Editorial Salamandra en la Colección Narrativa, Sándor MARÁI describe la ciudad que refleja los sentimientos políticos y sociales que desarrolla en la novela. Buda, estabilidad, frente a Pest, incertidumbre.

En la época en la que se desarrolla aparentemente la novela, Hungría, por el Tratado de Trianon había perdido dos tercios de su territorio y la población húngara se dispersó y pasó a ser considerada como “minoría” en amplias zonas de países vecinos. Buda representa ese anhelo de restitución histórica,  esos “baluartes históricos” a los que hace referencia Sándor Márai;  y Pest, representa un futuro incierto, esa confusión de mirar hacia un futuro en el que la dolorosa pérdida parecía no influir en la parte más dinámica de la sociedad: los burgueses de Pest.

Así en la página 27 señala que: “Ante sus ojos se extendía Pest, la parte nueva de la gran ciudad, en la orilla izquierda del río ancestral, ese río que une varios países; veía sus imponentes edificios, sus modernas casas de pisos, con las fachadas lisas, pintadas de colores vivos, donde, tras unas paredes delgadas que dejan escapar todos los ruidos, vivían sus nerviosos contemporáneos. Y, donde las mujeres cuidaban plantas espesas y cactus colocados en las repisas de las ventanas; donde, por encima de los estrechos divanes y de los sofás modernos en cómodos, tapizados con tela rayadas, había estantes con libros, libros hechos para aclarar la imagen del nuevo mundo; libros inquietantes que generan dudas, que intentan explicar las cosas y que proclamen sus verdades de una manera cruel; libros que a veces llegaban a la fiscalía y sobre los cuales él mismo, como juez, tenía que opinar en ocasiones”.

En la página 28, refiriéndose de nuevo a Pest: “esas fachadas lisas, pintadas de colores chillones, le resultaban extraña. Todas las expresiones de la vida moderna manifestaban objetividad, pero detrás de esa objetividad aparente había confusión y dudas, dudas arraigadas en el fondo del alma sobre el sentido de las normas, de las leyes, de los principios”.

“El miraba esa ciudad y la sentía extraña. Era una ciudad demasiado grande, intranquila y de gustos extranjeros. Cada mañana, al cruzar el puente para ir a su despacho, donde tenía que jugar las dudas, los deseos y los crímenes de la ciudad, experimentar la misma confusión”.

En la página 29 la reseña de Buda es totalmente antagónica de Pest: “Se volvió hacia el panorama más histórico de Buda, en la orilla derecha del río, y contemplo un tanto aliviado la imagen conocida, como si después de un largo viaje regresara por fin a casa. El paisaje de la orilla derecha representaba el pasado de la ciudad, con su exposición de objetos litúrgicos y sus ruinas, piadosamente conservadas bajo la brillante cúpula de la luz cristalina del atardecer otoñal”.

“Miró largamente, casi emocionado, la vista que Buda le ofrecía, los colores típicos de septiembre en el parque del Castillo, los castaños de hojas marchitas en la orilla del río, los edificios históricos que conservaban y expresaban algo muy valioso, algo que para él era más que un recuerdo, más que una tradición. Aquella vista despertaba en  él un sentimiento de verdadera intimidad, de alegría familiar”.

“Se resistía a aceptar que el significado histórico que el barrio del Castillo expresaba con sus baluartes orgullosos, casi soberbios, resistentes al paso del tiempo y a los cambios de las modas, hubiese llegado a su ocaso”.

En la ciudad de Pest, y en la época en la que se ambienta “Divorcio en Buda” los cafés como el New York y la Andrássy utça (Avenida Andrássy) marcan ese ambiente de “gustos extranjeros” que tanto incomodan a nuestro juez.

Hoy día, cualquier visita a Budapest evidencia esta diferenciación entre Buda y Pest que hace reconocible el sentimiento de Sándor Márai. Buda manifiesta un sentimiento de continuidad a pesar de que esta zona de la ciudad ha sido arrasada y reconstruida al menos seis veces en los últimos siete siglos. En sus colinas  el Palacio Real, la Colina del Castillo, el Bastión de los Pescadores o la Iglesia de San Matías fijan en Kristóf Kömives esa creencia de “verdadera intimidad, de alegría familiar”.

En Pest, las grandes avenidas, los teatro,  los cines….los cafés y sobre todo las zonas de Erzsébetváros y el barrio judío tienen, como antaño, el ambiente desenfadado y juvenil de una ciudad amable y, hasta cierto punto, distraída de tantos problemas hoy, como en el pasado.

¿Después de haber leído la novela, y en el caso de que hayas visitado Budapest, ¿crees que esta idea de Sándor Márai de dicotomía entre Buda y Pest todavía tiene vigencia y sobre todo marcan en cierto sentido su libro?

Divorcio en Buda de Sándor Márai

divorcio_en_budaLa lectura del mes de diciembre está dedicada a Sándor Márai y uno de sus títulos más significativos: “Divorcio en Buda”. Esta obra es interesante desde muchos puntos de vista y, a lo largo de este mes, intentaremos que más allá de quedarnos en su lectura profundicemos en la obra de este autor, en la historia de su país y en la estructura de la ciudad en la que se desarrolla. Elegir como parte del título la ciudad de Buda frente a Pest, Budapest, no es casual. Porque si algo eligió Sándor Márai fue ser húngaro, escritor húngaro, cuando por su formación y por los vaivenes de la historia centroeuropea este hecho, la elección de escribir en húngaro, se convierte en algo fundamental. Definitivo.

Sándor Márai nació en 1900 en Kassa, una pequeña ciudad húngara que hoy pertenece a Eslovaquia. Simplemente el nombre, y la trayectoria histórica del último siglo de esta ciudad, da ya una idea de estos vaivenes mencionados de pasada. En eslovaco se denomina Košice, en húngaro Kass y en alemán Kaschau, siendo actualmente la segunda ciudad más poblada de Eslovaquia. Sándor Márai ya pasó un periodo de exilio voluntario en Europa durante el régimen totalitario de derechas de Horthy (Regente de Hungría durante 24 años después de la I Guerra Mundial) hasta que abandonó definitivamente su país en 1948 con la llegada del régimen comunista y emigró a Estados Unidos. La subsiguiente prohibición de su obra en Hungría hizo caer en el olvido a quien en ese momento estaba considerado uno de los escritores más importantes de la literatura centroeuropea. Así, habría que esperar varios decenios, hasta el ocaso del comunismo, para que este extraordinario escritor fuese redescubierto en su país y en el mundo entero. Sándor Márai se quitó la vida en 1989 en San Diego, California, pocos meses antes de la caída del muro de Berlín.

Divorcio en Buda. Resumen

El último expediente llegado a la mesa de trabajo de Kristóf Kömives, juez en la Budapest de entreguerras, es el divorcio de los Greiner. Un caso más, excepto que el nombre de soltera de la mujer, Anna Fazekas, hace perder al magistrado su inmutable serenidad. El alegre desparpajo de la juventud, un paseo por el lago, una mirada arrebatadora: la evocación de aquellos instantes fugaces son suficientes para perturbar, después de tantos años, el aparente sosiego de su intachable vida burguesa. Y cuando el señor Greiner se presenta en su casa con la noticia del suicidio de su mujer, Kristóf no puede resistirse al aluvión de sentimientos encontrados que inundan su espíritu. Durante el transcurso de una noche, Kristóf asumirá el doble papel de acusado y testigo de la confesión de Greiner, que al desgranar la historia de su matrimonio pondrá de relieve el abismo que separa a los dos hombres; por un lado, el burgués que renunció a la emoción de lo desconocido para perpetuar los sólidos valores de una clase social asentada y satisfecha de sí misma, y por otro, el joven advenedizo que por conquistar una mujer que le estaba vedada se entregó a una existencia erigida sobre la impostura y encorsetada en unos cánones ajenos a su persona. Así pues, con el inminente estallido de la guerra más devastadora que ha conocido la Humanidad como telón de fondo, el azar les otorga la ocasión de reflexionar acerca de aquellas vivencias y sentimientos que nunca habían sido capaces de compartir con nadie, y redimir en parte, si acaso, los errores que les condujeron a la situación actual.
(Información de la página de la Editorial Salamandra)