La utopía en la época de la incertidumbre

Terminamos debatiendo sobre la utopía. ¿Es posible en el mundo de hoy luchar por la realización de utopías o éstas han llegado a su fin?

5. La utopía en la época de la incertidumbre

El sueño utópico precisaba dos condiciones, una sensación de que el mundo no estaba funcionando como debía  y necesitaba una revisión total, y la confianza en la energía humana para llevar a cabo la tarea. El jardinero da por sentado que no habría orden en el mundo si no fuese por sus cuidados y esfuerzos continuados. Si uno escucha hoy en día expresiones como el fin de la utopía es porque la actitud del jardinero está cediendo el paso a la del cazador, al que le da igual el equilibrio de las cosas y sólo le interesa cobrarse una nueva pieza. Hoy en día se nos incita a que actuemos como cazadores bajo amenaza de quedar excluidos de la cacería o de vernos relegados al rango de animal. En un mundo poblado en su mayor parte por cazadores no hay lugar para ilusiones utópicas. Lo que nos queda es luchar para no perder: intentar estar al menos entre los cazadores, puesto que la única alternativa es pasar a engrosar las filas de los cazados. Las antiguas utopías prometían que los duros trabajos tendrían un final. La utopía del cazador es el sueño de un trabajo sin final. En vez de encaminarse hacia la utopía, a los cazadores se les ofrece vivir dentro de una utopía.

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El estado, la democracia y la gestión de los miedos. Separados, pero juntos

En los siguientes capítulos reflexionamos acerca del miedo a la inseguridad y la creación de guetos de separación en las ciudades.

3. El Estado, la democracia y la gestión de los miedos

Los países desarrollados vivimos en algunas de las sociedades más seguras que han existido jamás. Aun así, somos precisamente nosotros los que más amenazados, inseguros y atemorizados nos sentimos; somos los más miedosos y los más interesados en todo lo que tenga que ver con la seguridad y la protección, mucho más que los habitantes de la mayoría de las sociedades conocidas. Los miedos específicamente modernos surgieron durante la primera oleada de liberalización más individualización, cuando se aflojaron o se rompieron los lazos de parentesco y vecindad. El modo de manejar el miedo de la modernidad sólida consistió en sustituir los vínculos naturales dañados por sus equivalentes artificiales en forma de asociaciones, sindicatos y agrupaciones; la solidaridad ocupó el lugar de la pertenencia como escudo principal. La desaparición de la solidaridad escribió un final para ese estilo de gestionar el miedo propio de la modernidad sólida. Como ocurre con la gente sin trabajo, los delincuentes ya no son vistos como individuos excluidos temporalmente y destinados a ser reeducados. Se les considera más bien individuos marginados a perpetuidad, destinados a permanecer para siempre separados de los ciudadanos respetuosos con la ley.

miedo

4. Separados, pero juntos

Nuestras ciudades están dejando rápidamente de ser un refugio frente a los peligros y se están convirtiendo en su principal fuente. Separar y mantener a distancia se ha convertido en la estrategia más habitual en la lucha urbana por la supervivencia. La línea a lo largo de la cual se trazan los resultados de esta lucha se extiende entre los polos de los guetos urbanos voluntarios e involuntarios. Los residentes sin medios, considerados por el resto como amenazas potenciales para su seguridad, suelen verse obligados a abandonar las zonas acogedoras y agradables de la ciudad y acaban apiñados en barrios separados, parecidos a guetos. Quienes pueden permitírselo compran su casa en escogidos barrios apartados, también parecidos a guetos, e impiden que se establezcan los otros y hacen lo posible para desconectar su mundo cotidiano del resto de los habitantes de la ciudad. Sus guetos voluntarios se transforman cada vez más en las avanzadillas o guarniciones de la extraterritorialidad. Quien se lo puede permitir adquiere una residencia en una urbanización, una ermita situada físicamente dentro de la ciudad, aunque social y espiritualmente fuera de ella. Las comunidades cerradas se imaginan como mundos aparte. La publicidad las presenta como un modo de vida total, lo que supondría una alternativa a la calidad de vida ofrecida por la ciudad y a sus espacios públicos degradados. La valla separa el gueto voluntario de los ricos y poderosos de los incontables guetos forzosos en que viven los desheredados.  Para los habitantes del gueto voluntario, los demás guetos son lugares a donde “no vamos”. Para los habitantes de los guetos involuntarios, en cambio, el área donde se encuentran confinados es el espacio del que “no se nos permite salir”.

gueto

La vida líquida. Las migraciones

En los dos primeros capítulos analizaremos las consecuencias del debilitamiento de los vínculos humanos y los problemas migratorios.

  1. La vida líquida y sus miedos

Los vínculos humanos se han aflojado, razón por la cual se han vuelto poco fiables y resulta difícil practicar la solidaridad, del mismo modo que es difícil comprender sus ventajas y sus virtudes morales. El nuevo individualismo, el debilitamiento de los vínculos humanos y el languidecimiento de la solidaridad están grabados en una de las caras de la moneda cuyo reverso lleva el sello de la globalización negativa. La sociedad ya no está protegida por el Estado, o por lo menos difícilmente confía en la protección que éste ofrece; ahora se halla expuesta a la voracidad de fuerzas que el Estado no controla y que ya no espera ni pretende recuperar ni subyugar. El miedo constituye probablemente el más siniestro de los múltiples demonios que anidan en las sociedades de nuestro tiempo.

Resultat d'imatges de vida liquida

  1. La humanidad en movimiento

Centenares de miles de personas, a veces millones, son expulsadas de sus casas, asesinadas y obligadas a tener que arreglárselas lejos de las fronteras de su país. Una vez que se es refugiado, se es para siempre. Los caminos de regreso al paraíso doméstico perdido han quedado casi todos cortados y las salidas del purgatorio del campamento conducen al infierno. Los refugiados son la encarnación del desperdicio humano, privados de desempeñar cualquier función útil en la tierra a la que han llegado y en la que permanecen de manera temporal y sin intención ni perspectiva realista de verse asimilados e integrados en el nuevo cuerpo social.

Resultat d'imatges de migraciones

Tiempos líquidos

Durante este mes de febrero, comentaremos un ensayo del sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman, en el que se analiza el concepto de “modernidad líquida”, que caracteriza las relaciones humanas de hoy en día.

Sinopsis

La caracterización de la modernidad como un «tiempo líquido» es uno de los mayores aciertos de la sociología contemporánea. La expresión, acuñada por Zygmunt Bauman, da cuenta con precisión del tránsito de una modernidad «sólida» –estable, repetitiva– a una «líquida» –flexible, voluble– en la que las estructuras sociales ya no perduran el tiempo necesario para solidificarse y no sirven de marcos de referencia para los actos humanos. Pero la incertidumbre en que vivimos se debe también a otras transformaciones entre las que, en el lúcido análisis de Bauman, se contarían: la separación del poder y la política; el debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegían al individuo, o la renuncia al pensamiento y a la planificación a largo plazo: el olvido se presenta como condición del éxito.

Este nuevo marco implica la fragmentación de las vidas, exige a los individuos que sean flexibles, que estén dispuestos a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y lealtades. Bauman, riguroso y ameno, propone en este volumen un acercamiento que no busca respuestas definitivas, como quien tantea para ver si hace pie antes de lanzarse a un río que, sobre todo hoy, nunca es el mismo. Los textos de Zygmunt Bauman sobre la modernidad líquida han cambiado nuestra visión del mundo contemporáneo y nos permiten afrontar nuestro miedo más inconfesable: ¿qué futuro nos espera?

El autor

bauman
Zygmunt Bauman (Poznan, 1925 – Leeds, 2017) huyó de su Polonia natal con su familia del terror nazi de 1939, rumbo a la Unión Soviética. Tras su paso por el ejército polaco en el frente ruso, regresó a Polonia y fue profesor en la Universidad de Varsovia durante años, pero una feroz campaña antisemita le hizo exiliarse de nuevo en 1968. La Universidad de Tel Aviv fue su destino, tampoco definitivo, porque también ha impartido clases en Estados Unidos y Canadá.

Tres años más tarde se instaló en Gran Bretaña, donde residió hasta su muerte. A lo largo de su carrera, intentó desarrollar una sociología crítica y emancipadora. Algunas de sus obras destacadas son: Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos (2005), Europa, una aventura inacabada (2006), Ética posmoderna (2006), Tiempos líquidos (2007), Vida de consumo (2007) y Libertad (2008). En 2010 recibió junto a Alain Touraine el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.