Una obra de múltiples facetas

El humor, la sátira y principalmente la crítica al poder han sido mal tolerados en todas las épocas. Pareciera que en el siglo XXI hubiésemos dejado atrás esas formas de intolerancia y censura, pero recientes acontecimientos nos hacen ver que nuestra sociedad no ha evolucionado tanto como suponemos. Y eso que, pretendidamente, disfrutamos de una democracia. Al parecer, lo que nos diferencia de otros regímenes con menos interés por las apariencias, es que aquí los encarcelamos y allí los matan. Pues bien, no es muy diferente Francés de Zúñiga de Valtonyc, Cassandra o Willy Toledo, aunque su final trágico le acerca más al periodista Khashoggi, asesinado hace unos días por el tiránico régimen saudita. Está visto. El que se enfrenta al poder y dice la verdad, acaba siendo castigado. Igualito, igualito que en el siglo XVI. Por eso, la novela de Jambrina, El manuscrito de fuego, adquiere una nueva dimensión: es también una obra contra los abusos del poder y a favor de la libertad de expresión.

 

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El estilo Jambrina

Desde que comenzara la trilogía de los manuscritos en 2008 con El manuscrito de piedra, Luis García Jambrina ha ido madurando como escritor de talento. Con anterioridad a su consagración literaria como narrador, tenía publicados dos libros de cuentos: Oposiciones a la morgue y otros ajustes de cuentas (1995, Valdemar) y Muertos SA (2005, El Gaviero), si bien ya había conseguido el premio Fray Luis de León como ensayista en 1999.

Qué duda cabe, que los premios los otorgan las instituciones, pero el doctorado como novelista lo concede la aceptación del público y en eso se desenvuelve Jambrina como el gran literato que es. Durante varios años, sus libros han aparecido en el top ten de los más leídos en la biblioteca de Peñaranda. Los bibliotecarios sabemos que una novela buena, como un buen vino, sin bandera se vende, puesto que va pasando por el mecanismo boca a boca y poco a poco, una obra literaria se convierte en un bombazo. También es importante que la obra con la que un autor se da a conocer, guste, pero sobre todo, que la segunda no defraude, como suele ocurrir a menudo. No es el caso. Jambrina ha ido “in crescendo” y ya estamos gozando de la tercera de la saga, que es su quinta novela. Confiemos en que nos siga sorprendiendo. Sus lectores incondicionales se lo agradeceremos. Los que aún no lo seáis, os convertiréis en uno más de sus seguidores en cuanto terminéis el primer libro. ¡Bravo, Jambrina!

Salamanca y Jambrina

García Jambrina se encuentra cómodo con el idealizado personaje de Fernando de Rojas. Es la tercera novela en la que se convierte en el  principal protagonista y ha ido evolucionando en cada una de ellas. Desde el joven estudiante de El manuscrito de piedra, hasta el maduro y un tanto escéptico Rojas que disfruta retirado de una vida tranquila en Talavera de la Reina. Este esfuerzo en la construcción de los personajes nos remite también a la maestría de un autor que cuida mucho la estructura de su obra, desde el planteamiento de la trama, hasta la resolución de la misma, pasando por los recursos narrativos que mantienen al lector en la intriga y captan su atención a lo largo del libro.

Un valor añadido de la novela “El manuscrito de fuego”, es el profundo conocimiento que García Jambrina tiene de la ciudad de Salamanca, en la que se desarrolla gran parte de la trama, y principalmente de un elemento arquitectónico de la ciudad, la fachada de la Universidad de Salamanca y su complejo programa iconográfico, que resulta clave en la resolución del caso. Las explicaciones que nos proporciona la novela sobre este monumento nos aportan un enriquecimiento cultural de primer orden.  No en vano, Jambrina vive en Salamanca y trabaja en su prestigiosa universidad, y sin lugar a dudas, gracias a su obra literaria, hace su particular homenaje a una institución que este año cumple 8 siglos de existencia. Sin duda, Jambrina es un buen valedor de la misma y un excelente divulgador de las maravillas que encierra la ciudad a través de esta serie de novelas y

El manuscrito de fuego. Luis García Jambrina

Francés de Zúñiga, bufón de Carlos I y en la última fase de su vida desplazado a Béjar por voluntad del emperador y dedicado al servicio de los duques de esa localidad salmantina, es apuñalado en plena calle. A resultas de ese ataque, muere unos días después. La emperatriz, que está pasando una temporada en Medina del Campo y para quien D. Francés era una persona muy querida, hace llamar a Fernando de Rojas para que actúe de pesquisidor en este caso y averigüe las causas del crimen y la persona o personas que hubieran intervenido en este suceso.

Fernando de Rojas, el célebre autor de La Tragicomedia de Calisto y Melibea, vive retirado en Talavera de la Reina tras haber actuado con éxito como pesquisidor en otros dos casos por encargo de la corona y que el autor de la novela nos narra en sendas novelas: El manuscrito de piedra y El manuscrito de nieve. El manuscrito de fuego sería la tercera entrega de esta serie que tiene como personaje central a Fernando de Rojas. Las pesquisas de Fernando le llevan de nuevo a Salamanca, una ciudad muy conocida por él, puesto que allí estudió, vivió y se enamoró en otra etapa de su vida. Esta nueva aventura deparará a Fernando de Rojas alguna que otra sorpresa que tiene que ver con su pasado y que sin duda, condicionará su futuro.

Como habitante del entorno por el que se mueven los personajes, la novela me ha resultado muy atractiva, puesto que discurre en escenarios que me resultan conocidos lo que ha añadido un plus de enganche a una lectura que por otra parte se hace amena y muy entretenida. Página a página, nos iremos acercando a las circunstancias que rodearon el crimen, iremos conociendo y aprendiendo a apreciar a la víctima, y lanzaremos, sin duda, nuestra propia hipótesis sobre el posible asesino, algo cosustancial a todas las novelas de trama policial.