El detective y la trama

                                                                      La novela negra está poblada por un extenso número de detectives de toda clase y condición, cuya misión es descubrir y atrapar a los responsables de los delitos y penetrar en los oscuros y peligrosos mundos en que habitan los criminales. Pero, además de compartir la carga de un trabajo duro y con frecuencia mal pagado, suelen participar de un rasgo común: la denuncia de la corrupción, la codicia y de una gran variedad de delitos, cometidos tanto de la clase dominante -formada por banqueros, políticos y empresarios- como por los más abyectos criminales del lumpen. Los dos extremos de la sociedad, el más alto y el más bajo, son ante los ojos de Philip Marlowe partes de una misma realidad, de un mundo en el que el mantenimiento del poder y del dinero se impone a cualquier valor ético y moral. Él es el paradigma de un personaje que opta por la insignificancia del perdedor antes de renunciar a su sólido sentido de la justicia. La solución de los casos que le ocupan no suele llevar consigo (salvo raras excepciones) el castigo del verdadero culpable -protegido por su alta condición- sino que normalmente deja en el camino a inocentes muertos y a detectives muy golpeados.

Nuestro protagonista, Philip Marlowe, ejerce como detective privado en la ciudad de Los Ángeles (California), tras un periodo como ayudante de la Fiscalía del Distrito, que abandonó por su negativa a plegarse a los intereses políticos o personales de sus jefes, lo que confirma la independencia y rebeldía del personaje. A este respecto, Jon Banville afirma:

“[…] siento afinidad con Chandler y su mundo. Un mundo en el que se vivía según unos códigos. Pero, cuidado, no es lo mismo hablar de ética que de moral. Chandler dijo que Marlowe tenía la moralidad de un perro, pero tenía ética. Debo ser un tipo antiguo, pero creo que el mundo tiene que volver a vivir con ética” (Entrevista publicada en El Periódico el 10 de marzo de 2014)

Como vemos, la sociedad en que se desarrollan los argumentos de la novela negra no es tan distinta de la actual, por lo que las vivencias y pensamientos de sus personajes nos van a hacer reflexionar sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea.

De su anterior trabajo Marlowe conserva algunos amigos que le respetan y a veces le ayudan en sus casos, aunque sea a regañadientes. Su vida transcurre entre su oficina, situada en el edificio Caluenga en Hollywood Boulevard, y las calles de Los Ángeles, que recorre continuamente en su Chrysler primero y en su Oldsmobile después. Se trata de un recinto pequeño y sucintamente amueblado, con una antesala mínima a la que se accede por una puerta de cristales esmerilados en la que cuelga la placa con su nombre, en negro. Allí recibe a sus hipotéticos clientes siempre que no le traigan casos de divorcio. A veces pasa las horas en actitud contemplativa mientras trasiega whisky, y otras deambula de acá para allá buscando pistas, indicios y respuestas a los interrogantes que el caso le plantea. Su aspecto físico es el de un hombre alto y moreno, que viste trajes de confección y se cubre con el inevitable sombrero popularizado por Humphrey Bogart, en las antiguas películas en blanco y negro, donde encarnó al personaje.

También lo veremos intentando descansar y reponer fuerzas en su casa de Laurel Canyon, donde, mientras toma una copa y fuma su pipa, juega al ajedrez midiendo sus fuerzas con un contrincante imaginario. Es un hombre solitario y desgraciado en amores, aunque una vez estuvo casado con una millonaria que cambió su vida por un tiempo. Su relación con Anne Riordan, bella, eficiente, sincera y valiente compañera en algunos casos, podría funcionar si no fuera por el escepticismo de Marlowe acerca de sí mismo como protagonista y destinatario de un amor que considera no es para él. Es un hombre solitario, que llena sus vacíos en la barra de los bares y coctelerías mientras charla con los camareros. Y no obstante, está lleno de ternura y compasión por los más débiles, por lo que los defenderá de sus depredadores a costa de su salud y de la integridad de sus costillas. Pues, aunque Marlowe odia la violencia no duda en emplearla si lo cree necesario para alcanzar su objetivo y la justa reparación de las víctimas. Su vida se rige por la profunda honestidad mediante la que organiza sus actos y ordena el caos de la sociedad en que vive. Es irónico siempre y sarcástico en ocasiones, lo que se evidencia en sus agudos comentarios y en las ingeniosas réplicas de los diálogos, recurso en el que nos extenderemos cuando analicemos el estilo y recursos formales de la novela.

En cuanto a la trama, es muy sencilla desde el punto de vista estructural. Suele comenzar con la visita del o la cliente a su despacho y la correspondiente solicitud de una investigación poco complicada. Marlowe siempre trabaja con un contrato previo en el que se especifica que cobra 25 dólares al día más gastos. Por lo general, la simplicidad de la demanda inicial esconde turbios conflictos y sucias manipulaciones. Él se encargará de levantar la alfombra y mostrar la basura escondida bajo ella. Una vez que empieza a investigar, tirará de todos los hilos y no parará bajo ninguna circunstancia u obstáculo que las fuerzas del orden político y económico desplieguen para defender su posición e intereses. Marlowe -como dice Banville- es un hombre con ética y por eso no descansará hasta que desentrañe todos los misterios y desenrede la madeja, hecho que suele suceder al final de la novela, como es habitual. Esta organización de la acción, común a los relatos policíacos, de misterio y suspense, procede del género negro que Raymond Chandler y Dashiel Hammet inauguraron y consolidaron con sus obras. Con ellas fundaron un género literario que trascendió las antiguas novelas románticas de misterios sobrenaturales y situaciones paranormales que tanto éxito y difusión tuvieron a finales del siglo XVIII y todo el XIX.

En cuanto a nuestro detective, es un personaje complejo, dual y ambiguo. Por un lado, su sentido ético parece elevarlo a las alturas heroicas de los ficticios salvadores del mundo; pero por otro, sus limitaciones de hombre de carne y hueso le acercan al antihéroe de la novela moderna, un ser extraviado en su soledad y confinado en su mediocre existencia. Marlowe no es un personaje plano sino complejo, lleno de sorpresas escondidas en los pliegues de su personalidad. Como el universo en que vive -la novela negra originaria- no es lo que parece.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s