Macbeth, la ambición y lo sobrenatural

“Lo hermoso es feo y lo feo es hermoso”

Il. de A. Pawoski

Il. de A. Pawoski

Los personajes de las tragedias de Shakespeare se ven devorados por los celos (Otelo), el amor (Romeo y Julieta) o la duda (Hamlet) y lo hacen con tal fuerza dramática y literaria que se convierten en arquetipos. En el caso de Macbeth, es la ambición la que lo devora y lo convierte en un asesino. Una ambición que viene de la mano de fuerzas sobrenaturales.
La obra comienza con la aparición de tres brujas en un entorno oscuro de truenos y relámpagos. Su presencia en la escena y la de Hécate, diosa de la hechicería, siempre tendrá el mismo escenario y una métrica distinta a la de los otros personajes. Las brujas son las Parcas, personificaciones del destino humano del que no se puede escapar; son personajes oscuros que presagian la catástrofe y que dominan inexorablemente el destino de Macbeth. Su presencia en la escena es muy efectista y muy del gusto del rey Jacobo, quien creía en la brujería y en su poder maléfico.

Las primeras profecías de las brujas son claras y provocan el asesinato del rey Duncan y de Banquo, amigo y compañero de batallas de Macbeth.
En el acto cuarto es Macbeth el que busca a las brujas en busca de respuestas. El espectro de Banquo se le aparece para recordarle su crimen, pero es el miedo a perder el trono el que lo consume: necesita saber qué hacer para seguir siendo rey.

En esta ocasión el oráculo de las brujas es más interpretable: le previenen contra Macduff, Barón de Fife, le anuncian que no ha de temer a nadie nacido de mujer y que no caerá vencido hasta el día en que el bosque de Birnam suba a Dunsinane.
Macbeth asesina a la familia de Macduff, sus oponentes se dirigen a él camuflados detrás de ramas de árboles, dando la impresión de ser un bosque en movimiento y Macduff será el encargado de darle muerte, revelándole en su enfrentamiento final que su nacimiento fue por cesárea.
Las profecías se cumplen y el orden se restablece.

La maldición de Macbeth

Il. de Raúl Arias

Il. de Raúl Arias

Entre las gentes del teatro, existe la superstición de que pronunciar el nombre de Macbeth fuera de la escena acarrea una mala suerte de alcance insospechado. De esta manera, se refieren a ella como la obra escocesa o Macbeee  y a sus protagonistas como señor y señora M o el rey escocés.
Como todo buen maleficio tiene remedio. En caso de pronunciar el nombre maldito, se puede contrarrestar el efecto fatal con algún ritual como salir de la habitación, dar tres golpes, ser invitado a entrar de nuevo y citar una frase de Hamlet. Otro antídoto es recitar versos de El Mercader de Venecia, obra a la que se asocia con la buena suerte.

En todos estos siglos, ni la ambición ha dejado de mover nuestros actos ni ha disminuido nuestro interés por conocer nuestro futuro mediante distintas “artes adivinatorias”.

Unas preguntas

¿Os parece Macbeth una tragedia verosímil o excesivamente exagerada?¿Qué pasiones nos dominan hoy?¿Os parece que la superstición y la creencia en lo sobrenatural siguen teniendo un papel importante en nuestros tiempos?

 

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2 comentarios en “Macbeth, la ambición y lo sobrenatural

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