La importancia de la ciudad de Budapest en la novela

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La presencia de la ciudad de Budapest tiene un significado simbólico evidente en esta novela que se inicia por el mismo título del libro y que se desarrolla, sobre todo, en el capítulo segundo. Entre las páginas 26,27 y 29, de la edición de la Editorial Salamandra en la Colección Narrativa, Sándor MARÁI describe la ciudad que refleja los sentimientos políticos y sociales que desarrolla en la novela. Buda, estabilidad, frente a Pest, incertidumbre.

En la época en la que se desarrolla aparentemente la novela, Hungría, por el Tratado de Trianon había perdido dos tercios de su territorio y la población húngara se dispersó y pasó a ser considerada como “minoría” en amplias zonas de países vecinos. Buda representa ese anhelo de restitución histórica,  esos “baluartes históricos” a los que hace referencia Sándor Márai;  y Pest, representa un futuro incierto, esa confusión de mirar hacia un futuro en el que la dolorosa pérdida parecía no influir en la parte más dinámica de la sociedad: los burgueses de Pest.

Así en la página 27 señala que: “Ante sus ojos se extendía Pest, la parte nueva de la gran ciudad, en la orilla izquierda del río ancestral, ese río que une varios países; veía sus imponentes edificios, sus modernas casas de pisos, con las fachadas lisas, pintadas de colores vivos, donde, tras unas paredes delgadas que dejan escapar todos los ruidos, vivían sus nerviosos contemporáneos. Y, donde las mujeres cuidaban plantas espesas y cactus colocados en las repisas de las ventanas; donde, por encima de los estrechos divanes y de los sofás modernos en cómodos, tapizados con tela rayadas, había estantes con libros, libros hechos para aclarar la imagen del nuevo mundo; libros inquietantes que generan dudas, que intentan explicar las cosas y que proclamen sus verdades de una manera cruel; libros que a veces llegaban a la fiscalía y sobre los cuales él mismo, como juez, tenía que opinar en ocasiones”.

En la página 28, refiriéndose de nuevo a Pest: “esas fachadas lisas, pintadas de colores chillones, le resultaban extraña. Todas las expresiones de la vida moderna manifestaban objetividad, pero detrás de esa objetividad aparente había confusión y dudas, dudas arraigadas en el fondo del alma sobre el sentido de las normas, de las leyes, de los principios”.

“El miraba esa ciudad y la sentía extraña. Era una ciudad demasiado grande, intranquila y de gustos extranjeros. Cada mañana, al cruzar el puente para ir a su despacho, donde tenía que jugar las dudas, los deseos y los crímenes de la ciudad, experimentar la misma confusión”.

En la página 29 la reseña de Buda es totalmente antagónica de Pest: “Se volvió hacia el panorama más histórico de Buda, en la orilla derecha del río, y contemplo un tanto aliviado la imagen conocida, como si después de un largo viaje regresara por fin a casa. El paisaje de la orilla derecha representaba el pasado de la ciudad, con su exposición de objetos litúrgicos y sus ruinas, piadosamente conservadas bajo la brillante cúpula de la luz cristalina del atardecer otoñal”.

“Miró largamente, casi emocionado, la vista que Buda le ofrecía, los colores típicos de septiembre en el parque del Castillo, los castaños de hojas marchitas en la orilla del río, los edificios históricos que conservaban y expresaban algo muy valioso, algo que para él era más que un recuerdo, más que una tradición. Aquella vista despertaba en  él un sentimiento de verdadera intimidad, de alegría familiar”.

“Se resistía a aceptar que el significado histórico que el barrio del Castillo expresaba con sus baluartes orgullosos, casi soberbios, resistentes al paso del tiempo y a los cambios de las modas, hubiese llegado a su ocaso”.

En la ciudad de Pest, y en la época en la que se ambienta “Divorcio en Buda” los cafés como el New York y la Andrássy utça (Avenida Andrássy) marcan ese ambiente de “gustos extranjeros” que tanto incomodan a nuestro juez.

Hoy día, cualquier visita a Budapest evidencia esta diferenciación entre Buda y Pest que hace reconocible el sentimiento de Sándor Márai. Buda manifiesta un sentimiento de continuidad a pesar de que esta zona de la ciudad ha sido arrasada y reconstruida al menos seis veces en los últimos siete siglos. En sus colinas  el Palacio Real, la Colina del Castillo, el Bastión de los Pescadores o la Iglesia de San Matías fijan en Kristóf Kömives esa creencia de “verdadera intimidad, de alegría familiar”.

En Pest, las grandes avenidas, los teatro,  los cines….los cafés y sobre todo las zonas de Erzsébetváros y el barrio judío tienen, como antaño, el ambiente desenfadado y juvenil de una ciudad amable y, hasta cierto punto, distraída de tantos problemas hoy, como en el pasado.

¿Después de haber leído la novela, y en el caso de que hayas visitado Budapest, ¿crees que esta idea de Sándor Márai de dicotomía entre Buda y Pest todavía tiene vigencia y sobre todo marcan en cierto sentido su libro?

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2 comentarios en “La importancia de la ciudad de Budapest en la novela

  1. Muchas gracias por el comentario Roxana. Después de la II Guerra Mundial quedó prácticamente destruida y hoy día es una de las capitales más atractivas de Europa. En todo caso lo que si se mantiene es la separación de “papeles” entre Buda y Pest. La parte burguesa, frívola por decirlo a la manera que se expresa en la novela, sigue estando en Pest, mientras que en Buda, aunque reconstruida, sigue ostentando el aura aristocrático.

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