Seguimos comentando “El pentateuco de Isaac”

En esta ocasión os invitamos a adentrarnos por una parte en la figura  de sus protagonistas y por otra en el aspecto humorístico e irónico que observamos a lo largo de toda la narración.

GalitziaIsaac Jacob Blumenfeld, que nace en Kolodetz, Galitzia, siendo autrohúngaro y que pasa por diversas nacionalidades, nos hace ver las sinrazones de las guerras que vivió, con un relato  lleno de anécdotas, chistes, recuerdos y reflexiones. Sus chistes le ayudan a no perder la cordura, como el que cuenta del  “judío y el polaco que se comieron la mierda”, para ilustrar que en las guerras todos pierden. Su vida está marcada por los caprichos del destino. Sus reflexiones, al principio alimentadas por los sermones del rabino, pronto adquieren identidad propia.  A lo largo de su relato Isaac va pasando por diversos estados de ánimo: acepta con resignación los cambios de nacionalidad, “tampoco esperes de mí que arremeta contra la tercera de mis patrias”; en un momento se muestra iracundo contra la enfermera Ángela, “y tú cierra tu negra bocaza”;  y en otros momentos pesimista, observando la aurora boreal manifiesta “la soledad me asfixiaba, me oprimía (…), todos se iban de mi vida ”; y siempre busca   el apoyo de su amigo el rabino para entender la vida, “Tal vez pudiera explicarme el sentido de la naturaleza que creó la vida pero no dejó instrucciones para su uso”.

Por otro lado Samuel Bendavid, su cuñado rabino y luego ex rabino, se vuelve ateo y líder sindicalista (¿qué motivos le impulsaron a esto?, guiado por hacer el bien y dispuesto a ayudar a Isaac y a los demás, para cada situación tiene una anécdota o historia que contar; como por ejemplo la anécdota del papa con el rabino de Roma que Bendavid cuenta a Isaac para que entienda  lo que le quiere decir con la frase sobre el final de la guerra: “Tanto los vencedores como los vencidos tendrán que pagar los platos rotos”. Siempre sometido a sus dudas y opiniones  políticas, trata de encontrar una explicación al sinsentido de los acontecimientos. Sus reflexiones filosóficas y sermones son una constante, que sirven de guía espiritual a Isaac para entender la vida: “Sed respetuosos con las creencias ajenas, pero no seáis sumisos y dóciles ante la fe propia, porque es lo que tratarán de imponeros los sacerdotes a sueldo de los falsos dioses”.

En todo el libro aparecen otros  personajes que nos pueden hacen reflexionar  como Sara, El sargento  Zuckerl, Ester Katz, el tío Jaimle, los hijos de Isaac (Yasha, Yeshua y Susana), la enfermera Ángela, el doctor Joe (Johann Schmidt, ciudadano del Tercer Reich).

Por otra parte la ironía tiene un papel esencial en esta obra, sirve para distanciarnos del horror que describe, “Si Dios tuviera ventanas hace tiempo que le hubieran roto los cristales”. El humor no es un relajo, es parte de la tragedia que se nos narra. Isaac introduce chistes y anécdotas sobre judíos y sobre los hechos que va narrando: el judío que le vende cabezas de arenque a un polaco porque le hacen más listo y éste al quejarse sobre el precio el judío le responde:  “¿ves?, (…), ya te estás volviendo más listo”.

Os invitamos a que nos deis vuestro punto de vista sobre la figura de estos personajes y el papel que juega el humor en la narración, además de aportarnos esos chistes,  anécdotas y reflexiones que más os han llamado la atención.

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4 comentarios en “Seguimos comentando “El pentateuco de Isaac”

  1. Roxana dijo:

    Samuel Bendavid es un comentarista, el “filósofo” de este par. Podría decirse que crea un discurso o un sermón sobre cada momento que les toca vivir, como si nunca dejara de ser un rabino.
    Hay muchas historietas graciosas en la novela, sobre todo las protagonizadas por “Mendel”, que parece un equivalente de Jaimito.
    Y diálogos como este:
    “Abrámovich […], al regresar a casa tras una larga caminata y mientras se miraba las ampollas de los pies, se enfadó con su mujer:
    -¡Ni siquiera me has preguntado como estoy!
    -Bien. ¿Cómo estás?
    -¡Ay, ay, ay, mejor no me preguntes!”.
    🙂

    • Gracias Roxana por tus comentarios. Nos alegra que te esté gustando el libro, como muy bien dices la ironía crítica que utiliza para contarnos la historia de Isaac, y a través de él los convulsos acontecimientos de la primera mitad del siglo XX, junto con los ingeniosos chistes y anécdotas que acompañan al relato para fortalecerlo, hacen que la lectura nos seduzca; su función va más allá de hacernos reír. En la tradición judía que resaltas de comer pipas de calabaza, no sólo llama la atención como medio de transmisión de información, sino también por la cantidad ideas que se intercambiaban en torno a tal acto; como dice Isaac el llamarlo “periódico de los judíos (…) era un vil empobrecimiento, porque tal cantidad de noticias (…) no se podía encontrar en ningún periódico del planeta”.

  2. Javier H. dijo:

    Isaac es un personaje que te envuelve en su drama pero a la vez te saca una sonrisa. S. Bendavid tan reflexivo, da consuelo a los demás pero él mismo no encuentra la paz que busca. Son entrañables los primeros encuentros amorosos entre Isaac y Sara, y la historia del doctor Joe nos hace reflexionar sobre la actitud de la gente tras la guerra. El humor es esencial en el libro, cualquier chiste o anécdota mencionados en el club son ingeniosos pero quiero destacar el chiste que Isaac cuenta sobre lo aleatorio de las condenas en el gulag: un tercer preso explica al jefe del gulag que le han condenado a 10 años por nada, “¡No fastidies! – se enfureció el jefe – , por nada condenamos a cinco años”. Me gusta la anécdota de Mendel en el tren haciendo la ensalada judía de pollo.

    • Agradecemos tu comentario, Javier. Verdaderamente el caso del doctor Joe Smith nos muestra el papel que algunos se vieron obligados a desempeñar durante la guerra y la intolerancia de muchos tras su finalización. Isaac nos cuenta el caso de Joe, un médico estupendo y condenado a prisión, para ilustrarnos sobre el abuso de las acusaciones de colaboracionismo tras la guerra: “(…) la jodida guerra convierte a la gente en cómplices que a veces actúan a conciencia y a veces sin querer”.

      Nos parece muy interesante la anécdota que citas de Mendel, Isaac la cuenta como parodia de cómo se fraguó el nazismo y cómo muchos lo alentaron: “A estas alturas del cuento todos juran que no hay en el mundo nada que odien más que la ensalada que prepararon ellos mismos”.

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