El autor: Miguelanxo Prado


Miguelanxo Prado (A Coruña, 1958)  es un autor internacional. Comenzó su carrera artística publicando sus primeras historietas a finales de los años 70 en diversos fanzines gallegos. A partir de 1980, coincidiendo con su traslado a Barcelona, colaboró de manera asidua con la influyente cabecera Zero, que había logrado reunir a un grupo de autores convertidos en referentes actuales. En estos momentos, entra en contacto con el editor Toutain quien publicó algunas de sus primeras historias, en las que ya se dejan ver algunos de los rasgos de su personalidad artística. Desde estos inicios hasta la actualidad, su obra ha evolucionado del relato de ciencia-ficción a otro más costumbrista e interesado por el individuo, con un poso melancólico y poético.

Durante la segunda mitad de los años 80, el autor da salida a un nuevo registro que también demostró dominar, la comedia, con Crónicas Incongruentes (Norma Editorial, 1990) y, sobre todo, con Quotidianía Delirante, recopilada por Norma Editorial en un solo tomo integral. Editorial con la que había empezado a trabajar en 1988, con la publicación de Manuel Montano, con guiones de Fernando Luna. 

Pocos años después, en 1992, aparece su primera historia larga, la multipremiada Trazo de tiza. Le sigue en 1993, Pedro y el lobo, y, posteriormente, la recopilación de historias cortas, Tangencias (1995).

En los años siguientes el autor desarrolla su faceta como ilustrador para libros y revistas, además de realizar importantes trabajos en publicidad y animación. Hasta que en 2004 publica La mansión de los Pamplín, que recibió los premios a la Mejor Obra y al Mejor Guión, en el Salón del Cómic de Barcelona, de 2005.

Prado volvió a dedicarse durante los años siguientes a su nuevo proyecto, que salió a la luz bajo el nombre de De Profundis, como película de animación (2006) y libro ilustrado (Norma Editorial, 2008). Posteriormente, en 2012, publica la que será su novela gráfica más ambiciosa, la multipremiada Alardén, una poética reflexión sobre la memoria que fue galardonada con el Premio Nacional de Cómic de 2013. 

La curiosidad de este autor por la realidad que le rodea y su relación con el individuo continúa presente en sus últimas obras, como en Presas fáciles (Norma Editorial, 2016), donde Prado crea un policíaco a partir de la realidad social y económica que atravesaba la España sacudida por la crisis. También podemos encontrar esta mirada incisiva en El pacto del letargo, proyecto en el que anda involucrado y que abrirá la Trilogía del Trisquel, que ha definido como una gran fábula contemporánea sobre el bien, el mal y la culpabilidad.

No os perdáis la Web del autor, todo un universo por descubrir


http://www.miguelanxoprado.com

El universo de los sueños.

La luz verdosa de la estancia, tenue y levemente fosforescente, se extiende por todo el cuarto en franjas irregulares que evolucionan con la lentitud hipnótica de algunos sueños o de las nubes de una tarde calma de verano…

Seguimos en la aldea, pero ya nos importa menos lo que ocurre en el exterior, sople o no el Ardalén. ¿Veis esa casa alejada del resto? Ahí adentro vive nuestro amigo Fidel, como ya le conocemos bien, sabemos que vive solo, que no se relaciona con es resto de parroquianos, que no participa en los dejes y manejes que se traen en la taberna. Le toman por loco y muchas veces es diana de mofas y burlas. Pero le dejan tranquilo. En una pequeña aldea como esta, donde sopla tan intensamente el Ardalén, han aprendido a dejarse en paz los unos a los otros.

Y en esa aparente y tranquila soledad vive Fidel. Hace mucho que nadie llama a su puerta y ahora lo va a hacer Sabela. Recordemos que va buscando la historia de su abuelo y se va a encontrar con un rico universo lleno de personajes.

Un momento.

Llaman a la puerta de Fidel, ¿será Sabela que ha vuelto?. No, es Ramón un viejo amigo, un compañero de viaje que le salvó de un naufragio. Eso no se olvida, pero también, pese al agradecimiento y la amistad surgen las antiguas rencillas. Fue por una mujer de piel oscura, exótica, una mujer de las que por sus tierras gallegas no había, una mujer para perder la cabeza… Es el cuento más viejo del mundo, el amor y la amistad. No está Fidel esta noche para viejas disputas. ¡Blam! Suena un portazo. Ramón se ha ido. De todas formas, piensa Fidel, mejor solo que mal acompañado.

Pero parece que no va ser posible la tranquilidad. Esta vez no llaman a la puerta. Es un Hada, no le hace falta.  Si querido y querida lectora, has leído bien. Recuerda que estamos en el universo de los sueños donde todo es creíble. Ella es la culpable de todo, viene con el viento, el Ardalén, cargada de recuerdos de otras vidas que Fidel se empapa como una esponja para hacerlos suyos. Algunos de esos recuerdos dejan en el alma un poso melancólico, otros parecen limpiar la vida y después de soplar dejan el día siguiente más claro y luminoso. Hasta ahora no estaba mal, porque no todos los recuerdos duelen, algunos son bonitos… hasta que apareció Sabela y todo se desbarató. Fidel ya no sabe qué es verdad y que no…

Nadie de la aldea lo ve pero en las noches la casa de Fidel siempre está concurrida. Esta noche es especial, ha llegado Rosalía, algunas noches hay que dedicarlas al amor.

Una noche de fuerte viento, llaman a su puerta, es Francisco Lamas, el abuelo de Sabela. Parece que el revoltijo de recuerdos se va ordenando. “¡Pues claro!, estuvimos juntos en el Riverside y le regalé un delfín de los que tallaba y él tenia un reloj en cuya tapa estaba la rosa de los vientos. Qué contenta se pondrá Sabela cuando le cuente que su abuelo sí les escribió, además varias veces, que esas cartas nunca llegaron y que nunca, nunca dejó de pensar en sus hijas”. “Poco después de la Revolución me marche a Venezuela, a Puerta Cabello. Morí de setenta y cinco años, después de una juerga con amigos, de bailar una noche entera con una mulata… me falló el corazón“.

Cómo llegaron esos recuerdos a Fidel, no lo sabemos.

¿Y si duermes? ¿Y si mientras duermes sueñas? ¿Y si en tu sueño llegas al cielo y allí coges una flor extraña y hermosa? ¿Y si cuando despiertas encuentras la flor en tu mano? ¡Ah! Entonces, ¿qué?? (Samuel Taylor Coleridge)

Ardalén s.m (del gallego ar de /do alén, aire de /del más allá). viento ábrego que sopla desde el mar hacia tierra, procedente del suroeste, en las costas atlánticas europeas. Se trata de un viento húmedo que llega a portar muchos kilómetros tierra adentro olores a sal y a yodo. Según las creencias populares, el ardalén se origina en las costas americanas, atraviesa el Océanos Atlántico y llega al suroeste de Europa.

ARDALEN: PASADO

“De los que fueron, volvieron cinco o seis, no más, lo hicieron pobres, para morir”

Seguimos en la aldea gallega. Sigue soplando en ardalén con su viento templado y húmedo del suroeste . Aún no han empezado las lluvias.

Sus habitantes siguen con sus cuitas. Sabela intentando averiguar, Fidel intentando recordar, Tomás intentando acercarse a Celia y Celia intentando olvidar. Vamos a dejarles de momento. Están en su momento presente y aún no es tiempo para que se den cuenta de sus errores o fracasos.

No habríamos llegado a este punto del camino si antes no hubiesen existido otros personajes. Ahora sí, retrocedamos al pasado.

La misma aldea rodeada de montañas, los mismos colores en el paisaje y el mismo viento. Una mujer soltera espera un hijo. El mundo, aún no está preparado para esto y decide huir de su querida aldea. Acaba en “una casa de mierda, en un barrio de mierda” pero sirviendo en una casa de ricos. Ese niño nace y le pone de nombre Antonio, Toñito le dicen. Ha podido estudiar hasta los doce años, incluso toca algo el piano. Pero Antonio es joven y quiere conocer mundo y decide embarcar. De esta parte de la historia sabemos que naufragó tres veces, que tallaba delfines, que se enamoró de una cubana llamada Rosalía y que conoció mundo. Una de las veces, en el “Riverside” coincidió con otro gallego, se llamaba Francisco Lamas.  

Francisco vive con Carme, su mujer, y sus dos hijas, Carmencita y Amalia. El trabajo es escaso y no llega a cubrir las necesidades de la familia. Por eso, como muchos otros ya hicieron, Francisco decide hacer las Américas. No le va mal a nuestro amigo que encuentra trabajo y puede enviar dinero. Al cabo de tres años vuelve. Está más apuesto y sonriente, baila a ritmos desconocidos y les cuenta a sus hijas historias llenas de luz y de colores… Es el caribe.  Francisco le propone a su mujer que se vayan con él, pero ella es de carácter recio y se niega quedándose sola con sus hijas. Francisco sigue enviando cartas y dinero, pero nunca hay respuesta…

“Para mí que, además, después de las luces y los aires relajados del Caribe , estos cielos grises, las ropas oscuras y la miseria de esta orilla debieron de resultarle difíciles de soportar”.

Del recuerdo de ese padre alegre, Amalia guardará lo poco que le queda, una foto, alguna carta, un reloj con la rosa de los vientos grabada en la tapa y un profundo deseo de mantenerlo vivo que trasmitirá con fervor a su sobrina Sabela.

Dejemos los aires caribeños y volvamos a nuestra aldea. Aquella rodeada de montañas donde sopla suave el ardalén. La madre de Antonio se ha ido, pero la vida sigue su curso. Fidel, un joven de diecisiete años se queda huérfano de padres y tiene que irse a vivir con su tía que regenta, en la ciudad, una casa de citas. Allí crece, con cariño y pasando las horas enfrascado en la lectura de mapas. No tarda su tía en dejar este mundo y otra vez Fidel se volverá a la aldea. Esta vez solo pero con la grata compañía de la biblioteca de la casa del médico, donde sirvió su madre. Y esta es otra historia, la del médico de la aldea que vivía en una bonita casa y que tuvo que huir por la guerra civil…

Y el ardalén trae lluvias que terminan amainando. Y las montañas se llenan de nieve que terminan deshelando. Y los hombres y las mujeres siguen peleando y sufriendo por las mismas cosas… Porque en definitiva, todas las historias, ya sean del pasado o del presente, tiene el mismo ingrediente, la soledad que nos lleva por caminos extraños. La soledad de Antonio que le sumerge en la bebida, la soledad de Francisco que dejó atrás una familia, la soledad de Fidel que se confunde con otras vidas, la soledad de una hija, Amalia y después de una nieta, Sabela, la soledad de Celia que intenta pasar página e incluso la soledad de Tomás que le vuelve un personaje cruel…

ARDALÉN. PRESENTE.

“El tiempo otoñizo de noviembre, cuando las lluvias y el viento y la luz de granito anuncian invernías…”

Galicia. Una aldea en medio de los montes. Los colores del otoño se ha apoderado del paisaje pintando sobre él un óleo romántico. A lo lejos, se ve un coche que se acerca. Es una aldea tranquila que no suele recibir gente. Si nos fijásemos bien, veríamos el rápido movimiento de algunos visillos. Un coche aparca frente a la taberna, la única que hay, se baja una mujer… Es Sabela. Las miradas de los parroquianos  se desplazan de las cartas que sujetan sus manos a la mujer. A partir de ese momento, va a cambiar el transcurso de algunas vidas, pero eso, aún no lo saben.

Esta es la historia de un pasado, un presente y un futuro. Los tres están tan bien cosidos que es imposible separarlos.  Los unos sin los otros no serían nada. Ahora nos encontramos en el presente, tiremos de ese hilo y veamos qué pasa…

Sabela es una mujer joven y recién divorciada “Estoy recién divorciada. Mi marido no me engañaba con otra, ni es mala persona, ni yo me enamoré de otro…Simplemente, dejamos de querernos…Son cosas que pasan poco a poco” le cuenta Sabela a Celia, la dueña de la taberna. Como no tiene nada que le ate, hijos, un trabajo, decide reconstruir una historia, una parte de su historia,  “Hace unos meses leí un artículo en el que una científica decía que no poseemos ni el futuro ni el presente, que a fin de cuentas lo único que nos queda es nuestro pasado” . Y esto le lleva a la aldea.

Le dicen que  hay un hombre al que apodan “el Náugrafo” que le puede ayudar. Así encuentra a Fidel, un hombre solitario al que le falla la memoria, “los recuerdos que son muchos, van y vienen, sin que yo consiga colocarlos. Nunca estoy seguro de qué sucedió antes o después, me bailan los nombres, las caras…”

Pero estos recuerdos caóticos ayudarán a forjar una bonita amistad entre Fidel y Sabela. Fidel intenta recordar porque es la única manera de retener a Sabela, y la necesidad de ser escuchado y  escuchar le llevará a regresar a un pasado lleno de historias, anécdotas, y personajes “a veces, incluso es como si no fuesen míos… ni siquiera estoy seguro de diferenciar lo que son imaginaciones y lo que son recuerdos” Son historias de otro tiempo, con otra luz y otros colores. Pero nosotros, seguimos en el presente, ya habrá tiempo de volver.

La relación de amistad de estos dos personajes acaba despertando la desconfianza de algunos habitantes del pueblo. Tomás será el personaje secundario más interesante y decisivo para nuestra historia. También, encarna las habladurías, la desconfianza al extranjero y las envidias que se encuentran en todas las comunidades. Tiene muchos de los grandes defectos del ser humano. Es un personaje que vive amargado, lleno de prejuicios y tremendamente solo.

Y como todas las historias, una vez que se cuentan se convierten en pasado. Y  todo lo que empieza tiene que terminar. Vemos partir a Fidel, pero no sus recuerdos que seguirán vivos en Sabela. Aquella mujer que un día llegó sin avisar y que ya forma parte de ese paisaje. Podríamos decir que fue buscando una historia ajena y acabó construyendo la suya propia.