TODO LO QUE SUCEDIÓ CON MIRANDA HUFF: Seguimos adelante…

Continuamos con nuestra novela de este mes: “Todo lo que sucedió con Miranda Huff” de Javier Castillo.

En estas primeras cien páginas en las que hemos dividido la primera de la novela se nos han desvelado ya unos personajes un tanto extraños, que no son lo que parecen y que esconden algún que otro secreto.

Se nos presenta a un joven James Black e sus inicios en la facultad donde conoce a la profesora Hicks. Paralelamente, unos veinte o quizá treinta años más tarde, está la historia de nuestros protagonistas, Ryan y Miranda y a su lado personajes un tanto extraños como Jeff o Mandy, en el contexto actual de la desaparición de Miranda de la cabaña de Hidden Springs.

Os propongo para esta semana, continuar leyendo del capítulo 14 titulado “Por favor, no” hasta llegar al capítulo 27, página 236 para los que leéis en papel.

En esta segunda parte que os invito a leer, la novela continua:

En 1975 la relación entre James y la profesora Paula Hicks avanza a pasos agigantados, desde los cines clandestinos, hasta los encuentros fortuitos en las salidas de clase. Es aquí donde surge la idea de Black de crear una película en la que aparezcan reflejados todos los amores: “La mejor película de la historia”

Paralelamente en la época universitaria de Miranda y Ryan, donde esta película ya es famosa, ambos descubren de la mano de Jeff Hardy, el mejor amigo de Black en la universidad y que ahora trabaja de conserje, una extraña versión de la misma guardada en un viejo almacén.

Pero, ¿qué ocurre en el momento actual?, ¿qué nuevas pistas hay sobre Miranda?

Os dejo algunos temas de debate para esta semana:

-La irrupción del hermano de Miranda Huff en escena y las acusaciones de malos tratos vertidas sobre Ryan

-Miranda conoce a los padres de Ryan en la época universitaria, ¿Qué hay del suceso con el padre de Ryan en los días posteriores al funeral de su madre?

– El secreto de Mandy, la asistente de Black y lo que ocurrió la noche en la que miranda lleva el vestido amarillo.

Espero vuestros comentarios, sobre éstos o cualquier otro tema que queráis plantear.

¡Abrimos hilo!

TODO LO QUE SUCEDIÓ CON MIRANDA HUFF

Llega el calorcito y con él, el mes de junio. Os invitamos a leer una novela muy fresquita, para todos aquellos que os quedáis en casa o para los que os empezáis ya a mover y a salir unos días de vacaciones. ¿Os animáis? Os comentamos un poco…

SOBRE LA NOVELA

Un matrimonio de guionistas de cine en decadencia, Ryan y Miranda Huff, deciden pasar un fin de semana en una cabaña a las afueras de Los Ángeles, por sugerencia de su asesor matrimonial. Cuando Ryan llega a la cabaña, se encuentra la puerta abierta, unas copas sobre la mesa, un baño ensangrentado y ni rastro de Miranda.

Aquí comienza una desesperada búsqueda, en la que Ryan nos narra en primera persona, no sólo los hechos presentes, sino sus recuerdos sobre cómo llegó a la universidad para entrar en el mundo del cine, cómo conoció a Miranda y a James Black, su profesor y mentor y cómo pasó del éxito al  fracaso, no sólo en lo profesional sino en lo personal en muy poco tiempo.

La historia se nos cuenta en tres tiempos:

El presente 2015, donde ha desaparecido Miranda y se desarrollan los acontecimientos de su búsqueda y se van desvelando poco a poco los secretos que esconden los protagonistas

Época universitaria: donde Ryan y Miranda se conocen y se fragua su relación. Los personajes se perfilan y van tomando la forma que nos ayuda a comprender la línea argumental presente.

Y 1975, donde se nos cuenta la historia paralela del mentor de Ryan, James Black y la profesora Paula Hicks, el amor de su vida.

SOBRE EL AUTOR

Javier Castillo nació en 1987 en Mijas (Málaga) y era asesor financiero.

Javier Castillo

Escribió su primera novela, El día que se perdió la cordura, en 2014 y la publicó él mismo en Amazon a través de Kindle Direct Publishing. Tal fue el éxito de ventas en esta plataforma digital, que varias editoriales le ofrecieron su edición, siendo Suma de Letras la que lo consiguió en 2016.

Son ya cinco novelas las que ha publicado:

El día que se perdió el amor  (2018, continuación de su primera novela), Todo lo que sucedió con Miranda Huff (2019, objeto de nuestro club este mes), La chica de nieve (2020) y El juego del alma publicado en marzo de este mismo año.

Con el fin de promocionar la publicación de su última novela en Estados Unidos, el pasado 11 de mayo, se proyectó una imagen del escritor en la céntrica y famosa plaza de Times Square de Nueva York, lo que le ha convertido en el primer escritor español que se ha promocionado en este lugar.

Vista su web en este enlace.

EMPEZAMOS…

La novela, como ya he comentado arriba, está escrita en tres tiempos y sus capítulos están numerados del 1 al 52 más un prólogo y un epílogo.

Os invito a que leáis conmigo hasta el capítulo 13 inclusive, titulado “Un gran amor” (página 122 para los que leéis en papel) y abrimos el foro de debate sobre los siguientes temas que os sugiero:

-La forma en la que el autor narra esta historia en tres tiempos y cómo nos traslada de un año a otro.

-Sobre los dos protagonistas, Ryan y Miranda y cómo el autor nos los va descubriendo en primera persona.

-Presentación de los personajes: hasta este capítulo ¿qué personaje os llama más la atención?, ¿cuál de ellos está mejor retratado por el autor?…

-¿Qué os parece la trama?, ¿Os resulta atractiva? ¿Engancha?

Abrimos el debate con todo esto y lo que se os ocurra…¡espero vuestras opiniones!

Empatías

El arte de perder es algo que practicamos a menudo, de hecho, en la mayoría de las ocasiones perder no es una opción a la que podamos renunciar, es inconsciente, nos viene dado por las circunstancias y ahí radica su dificultad: no se aprende a perder, se pierde y punto. Este libro lo demuestra. Las cuatro entradas anteriores de este libro se han centrado en sus protagonistas principales, grandes perdedores, obviando, conscientemente hasta ahora, los contextos políticos en los que se desarrolla el libro.

Es imposible evitar leer “El arte de perder” y no sentir una sensación enorme de fragilidad. Tan fácil es sentirla que, en esta última entrada os proponemos un “juego”. Dónde Alice Zeniter escribe Argelia, tachadlo mentalmente y escribid, España o por ejemplo Siria, o Bosnia, o Ucrania….o tantos otros países azotados a lo largo del siglo XX y XXI por conflictos y guerras civiles.  Dónde Alice escribe Alí, Hamid o Naïma escribid Antonio, Josep, Juan o María…..o vuestros nombres y los de familiares cercanos. Donde Alice escribe Rivesaltes……escribid Rivesaltes pero también Argeles…..Moria….Donde Alice escribe Francia…..no tachéis mantened Francia…pero también añadid otros muchos países refugio. Un ejercicio de empatía que nos lleva a la misma conclusión: hay determinados fenómenos que se repiten y parece que, como sociedad, no aprendemos nunca y que señalan, aunque no los queramos ver, nuestra enorme fragilidad. “El arte de perder” es un libro imprescindible para empatizar las pérdidas, las nuestras y las de terceros.

“No es difícil dominar el arte de perder: tantas cosas parecen llenas del propósito de ser perdidas, que su pérdida no es ningún desastre”. Así comienza el poema de Elizabeth Bishop del que toma el título el libro de Alice Zeniter y así finaliza nuestras entradas sobre este libro.

Biblioteca Pública de Villamayor

París era una fiesta

Alí protagoniza ”La Argelia de nuestros abuelos”, su hijo Hamid “La fría Francia”….y su nieta Naïma “París era una fiesta”. “¿A qué edad tiene uno derecho a Argelia?” se preguntaba Naïma cuando, de pequeña, su padre, Hamid, les daba a entender que un día verían el país del que procedían. Naïma es la única mujer de entre los protagonistas principales del libro a la que se pone en el mismo plano de igualdad de acción y de decisión que el de los hombres y es, alrededor de la necesidad vital de Naïma de visitar Argelia, como se arma la tercera parte de “El arte de perder”. La tercera generación de una familia que sólo ha conocido la vida de sus abuelos paternos, y por tanto su propia historia, a través de los silencios y los miedos, siente la necesidad de visitar Argelia en la tercera parte de un libro titulado “El arte de perder”.

En la primera parte del libro, la primera generación, defendía el argumento de que Argelia se acabó para siempre: “- Argelia hay que olvidarla”. La segunda generación, y en la segunda parte del libro, abogaba por sobrevivir y buscar una vida propia: “No quieren saber nada del mundo de sus padres”; “no quieren sobrevivir, quieren una vida plena”. La tercera generación, la de Naïma, la primera generación en varias de su familia que no ha oído el grito que lanza un ser humano cuando muere de forma violenta, quiere adivinar el origen de su enfado existencial descubriendo sus orígenes:

“-He berdido mi raíces- responde Naïma imitando el acento de su abuela” en una conversación con su compañera de piso sobre el origen de su rabia interna.

“- ¿Qué pierdes yendo a echar un vistazo?” Le dice esta misma compañera y la respuesta de Naïma resume todo el arte de perder de su familia: “Perdería la ausencia de Argelia, quizá, una ausencia a cuyo alrededor se ha construido su familia desde 1962. Tendría que sustituir un país perdido por un país real; es un cambio que le parece enorme”. Ese es el verdadero pánico de la visita a Argelia, el llegar al pueblo de sus abuelos que ha permanecido fosilizado en el imaginario familiar. Devolver a la vida un sitio dolorosamente olvidado.  ¿Mereció la pena? La respuesta vaga e imprecisa que se da así misma condensa la evolución emocional de esas preguntas y dudas que pensaba eran tan importantes: “Y sin decirlo en voz alta, añade interiormente: Probablemente no regrese nunca”.

“Nadie te ha transmitido Argelia. ¿Qué creías que un país se lleva en la sangre? ¿Qué llevabas un cabileño escondido en algún lugar de tus cromosomas y que se despertaría cuando pisaras suelo argelino?” Porque NaÏma no tiene respuesta cuando, antes de tomar el barco de regreso a Francia después de su visita, le preguntan: “Has encontrado lo que viniste a buscar?”.

La tercera parte termina como empezó porque a NaÏma el viaje a Argelia la ha tranquilizado y ha obtenido algunas respuestas a sus preguntas, pero al igual que ha tenido que hacer su familia desde 1962, ella no podrá parar, tendrá que seguir avanzando , ese viaje y ese encuentro no era un fin en sí mismo. Como termina el libro “Naïma no ha llegado a ninguna parte: está en marcha, sigue avanzando todavía”.

Segunda parte. La fría Francia

Una vez en Francia, el intento de aparentar por parte de Alí ante su familia que es un hombre fuerte, cuando en realidad ya no está al cargo de nada, ni siquiera de los insignificantes detalles de la vida cotidiana, es lo que marcará la figura de Hamid, el primogénito de Alí y padre de Naïma, a lo largo de la segunda parte de “El arte de perder”.

Hamid pasa de decepción en decepción en relación, sobre todo a su padre y su nuevo destino, Francia. Desde su llegada al campo de acogida de Rivesaltes, en las cercanías de Perpiñán (de infausto recuerdo para los 15.000 republicanos españoles que llegó a albergar desde 1939, tras el final de la Guerra Civil Española), hasta su paso por el Logis d´Anne, aislados del mundo salvo para la oficina de empleo y su definitivo asentamiento en Flers, Normandía, donde el gris encapotado del cielo permite verlo todo, hasta darse cuenta de que el nuevo barrio es triste a más no poder, la evolución emocional de Hamid es la lógica que se podría esperar en estas circunstancias: aquí los pobres son ellos,  muy lejos de la vida de campesinos enriquecidos que llevaban sus padres en la montaña, y por lo tanto objeto de discriminaciones y prohibiciones arbitrarias. Sin embargo, conservará una prohibición que le servirá a lo largo de toda su vida: la prohibición de ser mediocre como clave de emancipación personal y profesional.

“-¿Quiere decir que lo que puede hacer un árabe está al alcance de cualquier francés? ¿Qué si yo, con mi cerebro subdesarrollado de africano, soy capaz de hacerlo, seguro que un blanco pude hacerlo aún mejor? ¿Es eso?” le responde a su profesor cuando utiliza a Hamid como indirecta ante la falta de aplicación de un compañero de clase.

Ya se lo había dicho su padre: “-Vas a tener que trabajar más que nadie. Los franceses no te regalarán nada. Tienes que ser el mejor en todo ¿me oyes? El mejor”.

Hamid es testigo, nada más llegar a Francia, de la humillación sufrida por sus padres cuando, reconociendo que no sabían escribir, tuvieron que estampar sus huellas dactilares en los papeles para poder conservar la nacionalidad francesa. Más adelante, Hamid vuelve a avergonzarse de que nadie necesite los brazos de su padre, y se siente humillado al descubrir la “versión relajada de Alí” cuando, acompañándolo al trabajo, descubre que su padre llama “hermano” o “tío” a los árabes, y “señor” a los franceses.

Años más tarde, al plantearle Clarisse, su compañera y después madre de sus hijas, la ruptura de la relación que mantenían si se empeñaba en “vivir totalmente solo” en relación a su pasado, desconocido hasta ese instante por ella, Hamid se sincera sobre esos días y temblando le resume su vida afirmando que: “Llegamos a Francia cuando yo aún era un crío. Estábamos en un campo, rodeados de alambradas de espino, como animales peligrosos. Ya no sé cuánto tiempo estuvimos allí. Era el reino del barro, pero mis padres dijeron “gracias”. Entonces nos mandaron a un sitio en medio del bosque, en mitad de la nada, muy cerca del sol. Allí es donde había orugas. Mis padres volvieron a decir “gracias”. A continuación, nos enviaron a una zona de viviendas de protección oficial en la Baja Normandía, en una ciudad donde no creo que hubieran visto un árabe hasta que llegamos nosotros. Mis padres dijeron “gracias”. Y ahí siguen. Mi padre apencaba, mi madre tenía hijos. Yo podría decirte, como todos los chicos del barrio, que los quiero y los respeto porque nos lo han dado todo, pero creo que no sería honesto: odiaba que me lo dieran todo y hubieran dejado de vivir. Sentía que me ahogaba, que me volvía loco. Mis últimos años allí los pasé soñando con irme, y ahora que me he ido no consigo evitar sentirme culpable”.

Rencor y aislamiento hacia sus padres. ”No quieren saber nada del mundo de sus padres, un mundo minúsculo que va del piso a la fábrica, del piso a los comercios; un mundo que se abre ligeramente en verano, cuando visitan al tío Messaoud en Provenza, y vuelve a cerrar se tras un mes al sol; un mundo que no existe (porque esa Argelia ya no existe o nunca existió) recreado en los márgenes de Francia. No quieren sobrevivir: quieren una vida plena. Y, sobre todo, no quieren tener que seguir dando las gracias por las migajas recibidas”.

Alí no lo tuvo fácil en Argelia, Hamid no lo tuvo fácil en Francia. Una trayectoria espejo en la que salen perdiendo ambos. El arte de perder en la familia de Alí se practica sin descanso.